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Más empatía y menos juicios de valor

Trabajando con el sueño infantil, tengo la oportunidad de conocer a muchas mamás y acompañarlas por algunas semanas. Muchas veces, conozco a sus casas y familias también. Algo maravilloso que aprendí y sigo aprendiendo con cada mamá que conozco, es que todas nosotras intentamos dar lo mejor y hacer lo que creemos ser lo mejor para nuestras familias. Aún así, lamentablemente, TODAS sentimos algún tipo de culpa.

Por qué? Porque somos seres humanos. Porque sabemos la responsabilidad que tenemos al educar a un hijo. Sabemos que nuestros errores pueden causar dolor y trauma en aquellos seres que tanto amamos y sufrimos apenas con la idea de que puedan sufrir. Lamentablemente, la culpa viene también por porque somos juzgadas todo el tiempo. Cada vez que leo un artículo que publican sobre la maternidad con verdades absolutas, diciendo que solo hay una forma correcta de hacer las cosas, me entristezco pensando en las mamás que no logran o no quieren seguir esta filosofía pero al mismo tiempo se sienten culpadas pensando que pueden estar haciendo algo mal. Yo veo la culpa que algunas mamás sienten solo en decir que están cansadas o sufriendo. Ellas piensan ¨me siento cansada y desanimada, qué estoy haciendo mal? Debería estar disfrutando de cada momento de la maternidad o al menos no quejarme y aguantar¨

He conocido a mamás de todos los tipos: mamás más seguras y otras menos, las que tienen muy claro lo que hay que hacer, que leyeron los libros y son disciplinadas, otras que que cambian la táctica cada 2 días dependiendo de lo que leen. Mamás que registran todo, sacan mil fotos, otras que no registran nada y tienen pocas fotos. Mamás que quieren charlar sobre la maternidad todo el tiempo, otras que prefieren hablar de otros temas. Mamás que les encanta jugar con sus hijos, otras que no aguantan hacerlo por más que 10 minutos. Mamás que disfrutan de paseos y buscan programas para hacer con sus hijos, otras que prefieren quedase con ellos en casa. Mamás que son muy sensibles al llanto, otras que ya dejaron los hijos llorando hasta dormir o tirados en el piso del shopping haciendo berrinche. Mamás que solamente sirven comida orgánica y casera, otras que compran congelada. Mamás que preparan las fiestas de cumpleaños con todos los detalles, otras que las hacen más sencillas. Mamás que salen y viajan solas con sus hijos, otras que no pueden bañarlos sin el esposo o la mamá al lado. Mamás que duermen toda la noche, otras que se despiertan 10 veces.

Cómo mamá, sé la dificultad que tenemos en encontrar el equilibrio entre todo esto. Sabemos que es importante ofrecer comida sana y evitar dulces, pero al mismo tiempo ayudar a nuestros hijos a desarrollar la disciplina para que puedan alimentarse con responsabilidad más adelante. Sabemos que debemos evitar televisión y tablets pero también queremos que nuestros hijos conozcan el mundo tecnológico y estén preparados para trabajar en el futuro. Sabemos que el sueño es importante pero escuchamos que el bebé necesita el contacto constante con la mamá. Existen tantas dudas, teorías, filosofías, opiniones, incluso entre los pediatras, psicólogos, profesores. Es dificil elegir la mejor opción para educar a nuestros hijos.

Yo creo que esta dificultad existe porque en el fondo no hay una única verdad. No existe una única fórmula que todos deberíamos seguir. Estamos hablando de seres humanos. Personas con personalidades y necesidades distintas, que viven en hogares, ciudades o países distintos y pasan por distintas experiencias. Yo creo que existen pocas cosas que podemos decir que son incorrectas a la hora de educar a un hijo: pegar, insultar, humillar. Después, todo lo que es hecho con afecto, amor y respeto, es correcto.

Una mamá no tiene que sentirse mal por querer dormir mejor. Su sueño es importante para su propio bien estar y un niño no puede estar bien si su mamá no está bien. Una mamá no puede sentirse mal porque siente el deseo de salir con su esposo de vez en cuándo sin los hijos y otra tampoco puede sentirse mal por no querer hacerlo, por querer estar 100% del tiempo con sus hijos, dormir con ellos hasta los 5 años de edad, amamantar hasta los 4.

Yo misma, especialista en sueño infantil, no creo que todas las mamás deben enseñar a sus hijos a dormir sin ayuda en sus cunas, que no deben hacerlos dormir en brazos cada vez que se despiertan de madrugada, que deben seguir una rutina. Lo que yo creo es que, si los padres no están contentos, se sienten demasiado cansados o piensan que sus hijos deberían estar durmiendo mejor, algunas de estas decisiones pueden ser las correctas para ellos. Lo que yo no entiendo es cómo las mamás pueden juzgar unas a las otras. Cómo una mamá que pasa diariamente por todas las dificultades, dudas y tomadas de decisión de la maternidad logra juzgar una decisión tomada por otra mamá. Para mí es muy claro que cada mamá debe tomar su decisión y que muchas veces será distinta de la decisión que yo tomaría en su lugar. En realidad esta libertad es maravillosa, porque podemos charlar, escuchar puntos de vista distintos, aprender unas con las otras.


Nuestros hijos, sea comiendo comida casera o congelada, mirando más o menos televisión, durmiendo en nuestra cama o en su habitación, mientras reciban siempre mucho amor, que observen cómo nos respetamos entre las madres, cómo intentamos comprender el otro en lugar de juzgarlo, cómo aprendemos con nuestros errores y nos esforzamos para hacer siempre lo mejor, crecerán y se tornarán seres humanos empáticos, característica principal, en mi opinión, para que trabajen y luchen por un mundo mejor.

Paula Roitman Pedagoga Especializada en el Aprendizaje del Sueño Infantil


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